Las hojas de Riemann

19,00

por Leonardo Roy

Hay existencias

A veces el transcurso del tiempo queda en suspenso de forma inexplicable, dejando brechas abiertas por las que se adivinan las estructuras ocultas del Universo, fisuras por las que es posible deslizarse en un viaje lleno de peligros que parecen no terminar nunca. Y aunque algunos aseguran que el futuro no está escrito, quizá lo cierto es que podría reescribirse, aun a costa de forzar un poco las complejas costuras de la realidad, para tratar de evitar que vayan ganando los de siempre en la eterna batalla cósmica entre el bien y el mal.
Así se inicia la fabulosa aventura de Eustaquio Valdés por Las Hojas de Riemann, un cúmulo de inesperadas peripecias que le ofrecerán la insólita posibilidad de evitar que el futuro de la humanidad se convierta en un maldito paraíso artificial de cartón-piedra… ¡si es que antes es capaz de salvar su propio pellejo!

«Una ambiciosa obra de ciencia-ficción castiza
brutalmente imaginativa».

«Una trama adictiva que exprime hasta el final
los límites de la realidad».

«Las Hojas de Riemann, una historia prodigiosa, sorprendente y divertida; uno de los títulos más importantes de todos los tiempos según
el calendario metacorocrónico de Uluru».

¿Pero de qué va “Las hojas de Riemann”?

A veces el transcurso del tiempo queda en suspenso de forma inexplicable, dejando brechas abiertas por las que se adivinan las estructuras ocultas del Universo, fisuras por las que es posible deslizarse en un viaje lleno de peligros que parecen no terminar nunca. Y aunque algunos aseguran que el futuro no está escrito, quizá lo cierto es que podría reescribirse, aun a costa de forzar un poco las complejas costuras de la realidad, para tratar de evitar que vayan ganando los de siempre en la eterna batalla cósmica entre el bien y el mal. Así se inicia la fabulosa aventura de Eustaquio Valdés por las Hojas de Riemann, un cúmulo de inesperadas peripecias que le ofrecerán la insólita posibilidad de evitar que el futuro de la humanidad se convierta en un maldito paraíso artificial de cartón-piedra… ¡si es que antes es capaz de salvar su propio pellejo!

Pero bueno, como eso no explica mucho en realidad, ahondemos un poco más en las entretelas del libro. En la novela hay 3 tramas que se entrelazan: una que se desarrolla en el presente, otra en un futuro bastante lejano y una tercera que tiene una ubicación más bien onírica o mitológica, si así puede decirse.

En la primera trama nos encontramos con Eustaquio Valdés que es, a su pesar, una suerte de héroe como los de antes, pero no exactamente igual, porque parece algo así como una estrambótica hibridación entre Ulises, don Quijote, Spock y Maxwell Smart. Eustaquio es un tipo polifacético: por un lado, es un científico tan genial como marginal, porque debido a ciertas circunstancias indecorosas, fue expulsado del mundo académico. Eso le obligó a buscarse la vida de otra manera, dentro del rutinario pellejo de un gris e insignificante funcionario. Sin embargo, de buenas a primeras, su vida se va a ver envuelta en una suerte de drama épico con implicaciones cosmológicas. En definitiva, es un tipo vulgar por el que nadie daría un euro cuyas acciones, sin embargo, van a condicionar el futuro de la humanidad o, quizá mejor dicho, ya lo han condicionado de tal manera que es mejor tratar de reacondicionarlo porque, si no, la eterna batalla cósmica entre el bien y el mal corre el riesgo de terminar fatal.Y todo este desaguisado que esbozado hasta ahora a grandes rasgos, depende de una teoría científica revolucionaria. En efecto, Eustaquio Valdés ha dedicado toda su vida a desarrollar en la sombra, con la ayuda de su inseparable compañero y entrañable colega Aarón Linotte (al que conoce desde su juventud) una teoría físico-matemática auténticamente revolucionaria que es capaz de explicar, de forma coherente y sin inconsistencias, el comportamiento de todo el Universo a cualquier escala, tanto extragaláctica como subatómica. Y a esa teoría, un tanto extravagante y pretenciosa desde el punto de vista académico oficial, la ha bautizado como “metacorocrónica”.

En la segunda trama, el escenario futurista está situado en el siglo XXII, y allí la humanidad no lo está pasando demasiado bien que digamos. Desgraciadamente, lleva algún tiempo tratando de sobreponerse a una debacle apocalíptica ocurrida tras la “guerra de los 30 días”, una tragedia de dimensiones bíblicas de la que sólo ha podido salir más o menos bien parada gracias precisamente a que el Dr. Aarón Linotte, el amigo de Eustaquio Valdés, sobrevivió a la guerra y se puso al frente de las labores de recuperación del medio-ambiente aplicando soluciones tecnológicas derivadas de la teoría metacorocrónica. A raíz de eso, la configuración socio-política del mundo cambió y se instauró un gobierno planetario unificado de tintes genuinamente filantrópicos, ecológicos y pacifistas. Sin embargo, 150 años después de su instauración, parece que empiezan a haber problemas serios. En ese contexto, el protagonista principal se llama Tjukal 67, y es algo así como una especie de periodista de investigación independiente que trata de conseguir una entrevista en exclusiva con un alto mandatario del gobierno planetario. A raíz de esa investigación, se ve envuelto en una serie de circunstancias extrañas y peligrosas que le llevan a descubrir la gestación de un complot que puede poner en peligro el orden establecido y devolver a la Tierra a una situación de caos total. Y hasta ahí puedo leer. En cualquier caso, sólo puedo añadir que las aventuras que corre Tjukal 67 le llevarán a encontrarse con una enorme sorpresa y a descubrir algo tremendo sobre su pasado y sobre el pasado del planeta, que lo van a dejar en una situación un tanto preocupante y turbadora.

Finalmente, la tercera trama, de tono onírico-mitológico, tiene lugar en una suerte de “intermundo”, puesto que sus protagonistas se ven envueltos en situaciones que ocurren tanto en el presente, como en el pasado y en el futuro, así como en una dimensión intemporal o extra-temporal poblada por seres de extraño aspecto y de naturaleza semidivina. La principal protagonista es una mujer joven, cuyo nombre no sabemos y que no recuerda quién es, porque está aquejada de amnesia debido a una situación sumamente traumática por la que acaba de pasar. Su peripecia la va a conducir al encuentro de una serie de situaciones y personajes que la empujan tanto a enfrentarse con sus miedos como a aprender a superarlos para descubrir, o más bien redescubrir, cuál es su verdadera identidad y cuál es su misión en la vida. Una misión muy importante que tiene que ver con lo que pueda suceder o no en los otros dos escenarios paralelos situados en el presente y en el futuro.

¿A que no está mal como planteamiento?

¿Pero qué es la teoría metacorocrónica?

Es una teoría físico-matemática auténticamente revolucionaria, desarrollada por Eustaquio Valdés con ayuda de Aarón Linotte, que es capaz de explicar, de forma coherente y sin inconsistencias, el comportamiento de todo el Universo a cualquier escala.

Su extraño y curioso nombre procede de un neologismo que trata de describir la naturaleza de una dimensión “especial” de la realidad que está “más allá del espacio y del tiempo”. Esa dimensión es, por así decirlo, el pivote del Universo, y es, por lo tanto, la que determina la teoría. Dicho de otra manera: sin esa “dimensión metacorocrónica” el Universo, literalmente, no existiría.

En cualquier caso, si quiere saber más, es fácil, tendrá que leer LAS HOJAS DE RIEMANN. No sea el último en disfrutarla,

¡¡ADQUIÉRALA YA!!

¿Pero qué es la ciencia-ficción castiza?

Buena pregunta. Se trata de un subgénero de mi invención que, sin embargo, lo practica mucha gente sin saberlo. Por ejemplo, uno de los grandes novelistas CF como Philip K. Dick, que siempre o casi siempre pone de protagonista de sus historias al americano medio, al yanqui de pueblo que se encuentra sumergido en un ambiente apocalíptico o ultratecnológico, o alienígena, o todo a la vez.

Bueno, pues yo he hecho lo mismo con mis escenarios y mis personajes, con la sustancial diferencia de que los míos no son “americanos medios” sino “españolitos medios” y, por lo tanto, hablan y se comportan como lo hacemos nosotros, es decir, castizamente, y no como lo hacen al otro lado del charco (vaya usted a saber cómo se dice “castizamente” en el inglés de Idaho, pongamos por caso).

En definitiva, que la ciencia-ficción castiza, a fin de cuentas, quizá no la he inventado yo pero, en todo caso, lo que sí he hecho es ponerle nombre, lo cual no deja de tener su mérito, ¿no?

¿Pero quién es Leonardo Roy?

 Leonardo Roy es, probablemente, el poeta y escritor de ciencia-ficción más desconocido y genial del momento. De intereses múltiples e interdisciplinares, se dedicó durante un tiempo a la docencia en escuelas vacías para, más tarde, abandonar todas sus cátedras y dedicarse por completo a la vida contemplativa. Poco después, o quizá simultáneamente, decidió dar un nuevo rumbo a su existencia y viajar a las estrellas en un barco de papel. Desde entonces, no ha parado de escribir sus memorias metacorocrónicas.

¿Pero qué ha escrito Leonardo Roy?

Escribir, lo que se dice escribir, ha escrito y escribe mucho. Otra cosa es publicar. Publicar sólo ha publicado (hasta el momento, pero eso pronto va a cambiar) una novela. Pero no una novela cualquiera, no, la mejor novela de ciencia-ficción castiza que se haya publicado jamás: LAS HOJAS DE RIEMANN.

En efecto, con LAS HOJAS DE RIEMANN no sólo nace Leonardo Roy como autor de culto por fin publicado, sino que nace también un estilo nuevo, la ciencia-ficción castiza, y, de paso, un personaje épico de los que dejan huella: Eustaquio Valdés. Sí, como lo oyen, Eustaquio Valdés, un héroe mítico, un nuevo clásico que nada tiene que envidiar a Ulises, don Quijote, Spock o Maxwell Smart.

Toda la galaxia quedará prendada de la electrizante narrativa de Leonardo Roy, sobre todo al comprobar que, a pesar de su aparente localismo, es capaz de comunicar valores universales.

No sea el último en enterarse y ¡¡ADQUIÉRALO YA!!

¿Pero por qué Leonardo Roy no tiene abuela?

Es sencillo: porque ya tiene una cierta edad.

Y porque si él mismo no se da jabón, pocos, por no decir que nadie, se lo va a dar.

Es lo que hay.

Pero parte de razón tiene, ¿eh?